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Your gut's influence on immunity and hormones
21 ago 20267 min de lectura

La influencia de tu intestino en la inmunidad y las hormonas

Durante mucho tiempo el intestino se entendió sobre todo como el motor digestivo del cuerpo: un lugar donde entra la comida y salen los nutrientes por el otro extremo. Esa imagen se ha ampliado considerablemente en la última década. Bajo la superficie de la digestión hay un ecosistema complejo formado por billones de microorganismos que, al parecer, intervienen en mucho más que en descomponer el almuerzo.

Dos sistemas en particular, el inmunitario y el hormonal, se consideran hoy estrechamente ligados a lo que ocurre dentro del intestino, aunque a simple vista parezcan mundos aparte del tubo digestivo.

Ver la digestión, la inmunidad y el equilibrio hormonal como partes conectadas y no separadas del cuerpo ofrece una forma más coherente de pensar en el bienestar diario, y ayuda a explicar por qué la salud intestinal se ha convertido en un tema tan recurrente entre los profesionales de la nutrición.

Tu intestino y las defensas inmunitarias

Una parte importante del tejido inmunitario del organismo se encuentra en la pared intestinal, organizada en estructuras conocidas en conjunto como tejido linfoide asociado al intestino, o GALT.1 Este tejido está en contacto constante con los billones de bacterias que pueblan el tubo digestivo, y ese contacto dista mucho de ser pasivo.

Las señales microbianas ayudan a entrenar a las células inmunitarias: favorecen el desarrollo de linfocitos T reguladores y apoyan la producción de IgA secretora, un anticuerpo que recubre la pared intestinal y ayuda a identificar a los intrusos indeseados antes de que causen problemas.1

Buena parte de esta comunicación se produce a través de los metabolitos que generan las bacterias intestinales al fermentar la fibra alimentaria, sobre todo ácidos grasos de cadena corta como el butirato, el propionato y el acetato.

Se cree que estos compuestos contribuyen a regular la barrera intestinal, manteniendo la mucosa bien sellada, y que a la vez influyen en el comportamiento de las células inmunitarias tanto a nivel local como en otras zonas del cuerpo, incluidos los pulmones y el hígado.2

Lo que llega cada día al intestino grueso, determinado en gran medida por la alimentación, parece influir en cómo responde el sistema inmunitario en todo el organismo, mucho más allá del propio tubo digestivo.2

El GALT en cifras

El tejido linfoide asociado al intestino se extiende a lo largo de todo el tubo digestivo y se cree que alberga una de las mayores concentraciones de células inmunitarias de todo el cuerpo, en contacto constante con las bacterias residentes.1

Lo que comemos moldea directamente la red intestino–inmunidad–hormonas. La fibra de las verduras, las legumbres, la avena y otros cereales integrales llega en su mayor parte sin digerir al intestino grueso, donde las bacterias residentes la fermentan y producen los ácidos grasos de cadena corta descritos arriba.

Una dieta variada y de base vegetal tiende a sostener una gama más amplia de esas bacterias fermentadoras que una dieta restrictiva, lo que puede explicar en parte por qué la variedad alimentaria se señala tan a menudo como indicador de un intestino que funciona bien.7

Cuando esa diversidad se estrecha, ya sea por una alimentación limitada, una enfermedad o un ciclo de antibióticos, la señalización inmunitaria en el intestino puede volverse menos constante, lo que muestra por qué las estrategias que amplían la comunidad microbiana suelen ser más eficaces que las dirigidas a una sola cepa.

La conexión hormonal

La relación entre las bacterias intestinales y las hormonas es un campo de estudio más reciente, aunque las evidencias van creciendo con firmeza. Uno de los ejemplos más claros tiene que ver con los estrógenos.

El intestino y los estrógenos

Un conjunto de bacterias intestinales, llamado a veces estroboloma, produce una enzima denominada beta-glucuronidasa. Una vez que el hígado ha procesado los estrógenos y los ha marcado para su eliminación, esta enzima puede devolverlos a su forma activa.3 Esto significa que una mayor cantidad de estrógenos puede reabsorberse y volver a circular por la sangre.

Lo que más parece importar es el equilibrio global de esas bacterias, más que una cepa concreta. Los investigadores también han observado que ese equilibrio puede cambiar en distintas etapas de la vida, como durante la transición a la menopausia, cuando los niveles de estrógenos ya están variando.

La relación es compleja. Tanto una actividad muy alta como muy baja de la beta-glucuronidasa se ha vinculado a síntomas de origen hormonal,3 lo que sugiere que el objetivo es dar con el equilibrio adecuado.

El intestino y las hormonas del estrés

Las hormonas del estrés cuentan una historia parecida. El eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS), el principal sistema de estrés del cuerpo, no funciona al margen del intestino. Investigaciones con animales criados sin bacterias intestinales mostraron una respuesta exagerada del cortisol ante el estrés, mientras que reintroducir poblaciones microbianas ayudó a devolver esa respuesta hacia la normalidad.4

En un ensayo en humanos, administrar ácidos grasos de cadena corta (compuestos producidos por las bacterias intestinales beneficiosas) directamente en el colon durante una semana dio lugar a un pico de cortisol menor tras una tarea estresante, en comparación con el placebo.6

Un punto importante: la relación funciona en ambos sentidos. El propio estrés puede alterar la función intestinal y la composición del microbioma, lo que después repercute en la intensidad con la que el cuerpo reacciona ante el estrés futuro.5

Nada de esto significa que las bacterias intestinales sean las únicas protagonistas del equilibrio hormonal, pero sí parecen participantes activas de estos procesos y no meras espectadoras.

Cómo se conectan ambos

Curiosamente, estas dos historias no están del todo separadas. El estrés crónico puede modificar la composición de las bacterias intestinales, lo que a su vez puede afectar a la eficiencia con la que se procesan los estrógenos, mientras que la inflamación intestinal puede influir en las hormonas del estrés circulantes.

Con esto en mente, conviene repasar algunas de las distintas formas de cuidar tu microbiota intestinal, desde las fibras que alimentan a las bacterias existentes hasta las cepas bacterianas vivas y las combinaciones de ambas.

¿Prebiótico, bacterias vivas o simbiótico?

Estos términos se usan a veces indistintamente, así que conviene aclarar qué significa realmente cada uno.

Término

Qué significa

Ejemplo alimentario cotidiano

Prebiótico

Fibras vegetales que alimentan a las bacterias que ya viven en el intestino

Cebolla, puerro, avena, plátano

Bacterias vivas

Cepas bacterianas vivas que pueden sumarse a la población intestinal

Yogur con fermentos vivos, kéfir, chucrut

Simbiótico

Una combinación de bacterias vivas junto con las fibras que las ayudan a asentarse

Un suplemento formulado como NeuBiotic


Cuidar el ecosistema en el día a día

Con el equilibrio microbiano desempeñando un papel tan central, se entiende fácilmente por qué las decisiones de dieta y estilo de vida que nutren a las bacterias intestinales están captando atención mucho más allá de los foros de salud digestiva.

Alimentación y estilo de vida

Las verduras ricas en fibra, las legumbres, la avena y los alimentos fermentados como el yogur con fermentos vivos o el kéfir aportan bien alimento para las bacterias existentes, bien nuevas cepas microbianas, y la variedad en la dieta sostiene un microbioma más diverso de lo que podría lograr un solo ingrediente por sí mismo.7

El sueño, el movimiento y la gestión del estrés también forman parte del cuadro, ya que el microbioma intestinal y el sistema de respuesta al estrés parecen influirse mutuamente en ambas direcciones.5

Dónde puede encajar un simbiótico

Tomar un simbiótico, es decir, una combinación de cepas bacterianas vivas junto con las fibras vegetales que las ayudan a asentarse, es una de las formas que algunas personas eligen para cuidar este ecosistema, junto a unos hábitos que parten primero de la comida.

Un ejemplo es NeuBiotic de Neutrient, que aporta veinte cepas de bacterias Bifidobacterium y Lactobacillus a una dosis de 20.000 millones de UFC por cápsula, junto con inulina ecológica y FOS como fibras prebióticas. La cápsula lleva recubrimiento entérico para ayudar a proteger las bacterias del ácido del estómago antes de que lleguen al intestino, donde una mayor diversidad microbiana puede favorecer la función intestinal.

Un suplemento de este tipo acompaña a una dieta rica en fibra, sin sustituirla, ya que la alimentación sigue siendo la fuente principal y más sostenible de diversidad microbiana.

Más allá de la digestión, una imagen más completa

Visto así, el intestino deja de parecer un órgano de una sola función y empieza a asemejarse a un centro de comunicación, que envía señales a sistemas que la mayoría de la gente jamás relacionaría con la digestión.

Cuidar ese centro no exige una transformación radical de la vida diaria. Las decisiones pequeñas y constantes en torno a la fibra, los alimentos fermentados y los niveles de estrés parecen importar más que cualquier gran cambio aislado, y un simbiótico bien elegido puede ser una pieza útil de ese conjunto más amplio.

La investigación sobre el microbioma intestinal sigue desarrollándose, sobre todo a la hora de entender por qué un mismo cambio dietético o de estilo de vida puede afectar de forma distinta a cada persona.

Lo que está cada vez más claro es que la señalización inmunitaria y ciertos aspectos de la regulación hormonal, lejos de ser sistemas separados, parecen estar influidos por lo que ocurre en el intestino.

Escrito por: Jacqueline Newson BSc (Hons) Nutritional Therapy

Referencias

  1. Bemark M, Pitcher MJ, Dionisi C, Spencer J. Gut-associated lymphoid tissue: a microbiota-driven hub of B cell immunity. Trends in Immunology. 2024;45(3):171-183.
  2. Mann ER, Lam YK, Uhlig HH. Short-chain fatty acids: linking diet, the microbiome and immunity. Nature Reviews Immunology. 2024;24(8):577-595.
  3. Ervin SM, Li H, Lim L, et al. Gut microbial β-glucuronidases reactivate estrogens as components of the estrobolome. Journal of Biological Chemistry. 2019;294(49):18586-18599.
  4. Clarke G, Stilling RM, Kennedy PJ, Stanton C, Cryan JF, Dinan TG. Minireview: Gut Microbiota: The Neglected Endocrine Organ. Molecular Endocrinology. 2014;28(8):1221-1238.
  5. Bertollo AG, Santos CF, Bagatini MD, Ignácio ZM. Hypothalamus-pituitary-adrenal and gut-brain axes in biological interaction pathway of the depression. Frontiers in Neuroscience. 2025;19:1541075.
  6. Dalile B, Vervliet B, Bergonzelli G, Verbeke K, Van Oudenhove L. Colon-delivered short-chain fatty acids attenuate the cortisol response to psychosocial stress in healthy men: a randomised, placebo-controlled trial. Neuropsychopharmacology. 2020;45(13):2257-2266.
  7. Smolinska S, Popescu FD, Zemelka-Wiacek M. A review of the influence of prebiotics, probiotics, synbiotics, and postbiotics on the human gut microbiome and intestinal integrity. Journal of Clinical Medicine. 2025;14(11):3673.
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